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Para adentrarnos en la ruta turística llamada Walata y el Imperio de Ghana podemos escoger entre diferentes variantes, según la dirección en que vayamos. Para empezar, nos decidimos por un recorrido que nos da la oportunidad de recrearnos con la belleza de los sugestivos paisajes propios de estas tierras.
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Aterrizamos en Nouackchott, la capital de Mauritania, para dirigirnos hacia Djouk, el primer oasis de la simbólica carretera de la Esperanza. Desde allí tenemos a nuestro alcance Kiffa y Tamchaket, que nos contempla desde una duna. Precisamente esta localidad nos sirve de eje para vertebrar nuestras visitas a las ruinas de Awdagost, ciudad histórica que hacía parte de la ruta de las caravanas que cruzaban el desierto entre Tombuctú y Siyilmasa. De las ruinas de esta ciudad llegamos al pequeño palmeral de Togba, un oasis de frescor en el que renovamos nuestras fuerzas para continuar el viaje antes de llegar a Walata.
Walata es una ciudad que necesita que le dediquemos unos días. Así, nos seducirá la calidez de sus gentes y conoceremos su gran belleza y riqueza cultural que la han valido ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Después de unas jornadas, cuando dejemos atrás las rojizas casas walatíes tan espectacularmente adornadas, nos continuaremos acercando a los restos del Imperio de Ghana a través de la visita a su antigua capital Koumbi Saleh a la que llegamos desde Timbedra. Aquí nos sorprenderá la extensión de su campo arqueológico y su mezquita restaurada después de las excavaciones que tuvieron lugar entre los años 1972-1981.
Naturalmente un viaje tan completo como éste tiene que incluir al menos una excursión a lugares de gran riqueza natural e histórica como Makraoughat, Akreijit, Tichitt o Tidjikja. Sin duda su mágica visión nos obligará a volver una y otra vez a la zona.
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