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La arquitectura, la artesanía y las tradiciones de Walata nos deslumbran tan sólo entrar en esta ciudad que fue durante siglos el lugar de paso de las caravanas transaharianas y nos hacen comprender porque la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1946. A unos 25 kilómetros de aquí nos encontramos con Guelb Djmel, una población ganadera en cuya colina sur existen los restos de un antiguo poblado neolítico.
La ruta nos invita a seguir conociendo poblaciones de Mauritania y llegamos a Shuergde, un pueblo lleno de curiosas construcciones que se supone la capital del antiguo reino del mismo nombre y a cuyo pie está el poblado de Wediniti, un verdadero oasis de vegetación. Y no nos quedamos aquí. Taguraret está situado a unos 75 kilómetros de Walata. Es un poblado que nos muestra la vida de los nómadas. En él existen también restos neolíticos y podemos comprar sus tradicionales figuras hechas de arcilla con sal. Por su parte, Tichitt tiene bastantes cosas en común con la propia Walata: su origen es igual de remoto y también es una de las cuatro ciudades antiguas de Mauritania, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco. Su belleza singular es fruto de sus edificios en piedra tallada y sus dunas. Nouackchott es la capital de Mauritania. Aunque es una ciudad moderna no podemos dejar de visitarla y vivir el maravilloso colorido del atardecer desde su puerto pesquero.
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El listado de lugares interesantes del país es interminable. Acabamos estas líneas citando como un pequeño ejemplo los viejos barrios de la localidad de Kaedi, las ruinas de Rachid o Bogué, una pequeña población en un meandro del río Senegal llena de vida.
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